Llega el momento de ser un jubilado. La psicología define la jubilación como si se tratase de una caída de caballo. Y es que no es fácil para nadie después de estar toda una vida en un trabajo (el caballo) llega el momento de dejarlo (la caída) y cambiar de actividad.

Este cambio tan brusco en la vida con la llegada de la jubilación afecta al ámbito de las relaciones personales, al ocio, a la economía. Se dice que el periodo de adaptación puede oscilar entre seis meses y un año. Y esa adaptación supone un momento de riesgos y al mismo tiempo de oportunidades.

Cada persona se enfrenta a ser un jubilado de un modo distinto, aunque un dato es común: el sexo masculino lo lleva bastante peor que el femenino. Esto es en realidad porque por norma general las mujeres están habituadas a hacer cosas muy variadas y compaginar unas con otras.

Existen varios factores muy importantes: si hay aficiones, si la jubilación ha sido o no voluntaria, e tipo de trabajo desarrollado y finalmente la mentalización de cada uno.

Existe una tendencia a la depresión, se ha establecido que si la persona vivía por y para el trabajo tendrá mayor tendencia a la depresión que si por el contrario su vida no la tenía centrada en él.

Lo que es común es que todos deberán adaptarse a vivir sin horarios. Tendrán todo el tiempo del mundo y tendrán que llenar ese tiempo con actividades.

Este riesgo planea solamente durante el primer año de jubilación.

Trabajo físico o intelectual: La persona que principalmente ha desarrollado un trabajo físico es probable que esté deseando abandonar su actividad porque esté cansado. Mientras que quien tenga un trabajo intelectual puede sentir que está en una etapa plena y ha alcanzado su cenit de sabiduría justo cuando tiene que irse.

La vida en pareja es quizás en lo que menos piensas antes de la jubilación pero es un reto muy determinante: el comenzar una nueva relación de pareja con unas nuevas normas de convivencia.

Hay que prepararse para lo que se avecina y hay que mentalizarse para cuando llegue el momento, e ir pensando con antelación qué actividades se quiere realizar. Existen incluso cursos de preparación o asesoramiento a la jubilación. En muchos Ayuntamientos se imparten este tipo de servicios.

La actividad física es determinante y es que hay que mantenerse obligatoriamente activo, es fundamental. Si se tiene salud y facultades hay que apuntarse a gimnasios, salir a pasear, clases de pintura, de cocina, visitar museos… o lo que cada cual prefiera.

La única prohibición es no quedarse en casa sin hacer nada. Es la única norma que no se puede romper y es la clave del desarrollo como persona.

Ayudar a los demás es otra opción que tenemos en caso de no saber en qué ocupar el tiempo. Se puede aprovechar el conocimiento adquirido a lo largo de la vida laboral para enseñar a los demás.

Y es que no hay que confundir el dejar de trabajar con dejar de vivir. Ser un jubilado es un momento de oportunidades.

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