«Tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte, tenía tanto amor guardado para ti…». Tenía es un tiempo verbal que habla del deseo y la necesidad.  Una forma de plantear lo que debíamos hacer y que todavía no hemos realizado. Por eso, con el estribillo de Nena Daconte podría comenzar el capítulo de la autobiografía que narra la historia del amor de nuestra vida, la historia con la persona más querida que ya no está con nosotros.

Seguramente, esos versos fueron escritos ante la ausencia y la pérdida de un gran amor; como un desahogo en una situación de emociones extremas, cuando muchos planes de futuro se desvanecen. Llega el desafío de la ausencia, la pena nos invade y nos llenamos de tristeza. Los interrogantes invaden nuestro pensamiento y nuestra conciencia parece carecer de respuestas. La desilusión se apropia de cualquier rutina y tenemos la sensación de estar en deuda con aquella persona a la que queríamos tanto.

Sin embargo, ante la ausencia de nuestro gran amor se abre un horizonte nuevo. Descubrimos cosas que fueron compartidas con auténtica alegría. Recordamos situaciones convertidas en un reto constante, superado gracias a la fuerza y la confianza que la persona querida nos ofrecía. Apreciamos las conversaciones acaloradas y los enfrentamientos que después de todo nos llevaron a momentos divertidos. Nos damos cuenta, en definitiva, que aquella persona era adorable, nos hacía feliz y la amábamos con todo nuestro ser.

Una historia de amor

Tras la desaparición de la persona que más queríamos nada nos impide sentir. Sentimos pena, sentimos rabia, sentimos dolor, sentimos tristeza, sentimos que nos falta el aire para respirar y las ganas de seguir viviendo. También sentimos alegría cuando miramos su rostro en las fotografías de antaño. Sentimos ternura cuando acariciamos aquel precioso regalo que nos hizo por nuestro cumpleaños. Sentimos sorpresa cuando encontramos su peculiar caligrafía en alguna nota guardada en un cajón y entusiasmo por aquel recuerdo tan gracioso y exótico que trajo de sus vacaciones.

Siempre sentimos añoranza por aquellos pequeños gestos y sencillos detalles que, a pesar de todo, permiten mantener cercana la experiencia de una vida compartida a lo largo de los años.

Se sabe que el tiempo incrementa los recuerdos. Contamos pues con muchos argumentos para dar forma a la autobiografía tomando como referencia al amor de nuestra vida que ya no está junto a nosotros, pero que vive con intensidad en nuestro corazón y acrecienta la inmensidad de nuestra memoria.

¿Qué es la autobiografía? La respuesta más recurrente y reveladora afirma que la autobiografía es la historia de una persona narrada por ella misma; sin embargo, desde la perspectiva de quien lee esa historia, la autobiografía se valora por el conocimiento, la admiración y la rememoración de todo lo vivido por una persona. De manera especial, cobra importancia aquella relación amorosa que convirtió la vida de dos personas en una auténtica historia de amor.

El amor todo lo llena. El amor todo lo trasciende. El amor todo lo fortalece. También en la autobiografía.

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